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Aunque se supone que en la mayoría de los casos, quien escribe novela negra o criminal no lo hace a partir de la propia experiencia, el género no está libre de las trampas que suponen tratar de convertir las referencias biográficas en literatura. Por eso incluimos estas reflexiones y trucos sobre esta práctica que (con frecuencia) tiene bastante delito.

Antes de seguir con la teoría, nos asomaremos a un aspecto práctico. Es habitual que muchos de nuestros primeros relatos se refieran a episodios o recuerdos de nuestra vida, o reflejen anécdotas que hemos protagonizado o visto de cerca. Eso es válido, siempre que respetemos, para esa narración, las mismas reglas que utilizaríamos si escribiéramos una ficción pura.

CLASES ANTERIORES:  • CLASE 1 DE NARRATIVA: LAS 5 PREGUNTAS   • CLASE 2 DE NARRATIVA: LA ESTRUCTURA

Aunque el género autobiográfico tiene varios trucos que conviene conocer.

♦Si vamos a escribir sobre un momento de nuestras vidas, debemos ser capaces de liberarnos de trabas y capturar un momento sin darle una carga previa de simbolismo. No estamos contando lo que nos pareció bien o mal de nuestra infancia o nuestros padres, estamos creando un relato a partir de un recuerdo o una sensación familiar.

♦Un relato que trate sobre un niño durante la siesta puede sentar las bases para entender a ese personaje (aunque sea un personaje de la realidad), pero no podemos exigirle más que las sensaciones y las acciones (y las descripciones, por supuesto), dejando aparte las conclusiones, que correrán a cargo del lector si hemos escrito bien el relato.

♦Estamos contando un momento, no haciendo el resumen de una vida, aunque lo escrito sirva para conocer claves de esa vida.

♦Tú sabes desde la primera frase, no sólo lo que vas a contar, sino también  todo  lo que ocurrió, antes y después. Por eso es importante diferenciar entre lo que tú das por sabido y lo que el lector irá descubriendo. Restarle información vital sólo debilitará el relato, y ahogarlo en detalles innecesario, lo distraerá.

♦Nunca hay que olvidar la importancia de lo latente, lo que no has escrito de un modo directo pero se  sugiere en la totalidad de la narración. El miedo no es más miedo porque se indique veinte veces “estaba aterrado”, y sin embargo, hay casos en los que repetir en el momento adecuado “no tenía miedo”, puede indicarlo mucho más.

♦Estás escribiendo un cuento autobiográfico, no una declaración jurada. El respeto que decidas tener a los hechos, no puede matar el relato ni anclarlo es ajustes de cuentas o el temor a que un familiar te diga “no fue así como ocurrió”.  Que ese familiar escriba su propio cuento y te deje en paz.

♦Manejas el tiempo, utilízalo. Si esa hipotética siesta de verano e infancia que quieres contar fueron en realidad varias en las que ocurrieron diferentes situaciones, y unificarlas te sirve para escribir un bien cuento, hazlo sin dudar.

♦Si utilizaras en los diálogos o las reflexiones internas del personaje el lenguaje de aquél tiempo, procura recordarlo con exactitud, pero no te preocupes tanto que sea más importante que lo esencial: la acción, la sensación, la emoción y la intención. Puedes evitarte problemas si no pretendes escribir, al a vez que un cuento, un tratado sobre el lenguaje coloquial en los años de tu infancia.

♦Ahora eres un personaje, no tú yo acabado de hoy. En todo caso, eres consecuencia de eso y mucho más que ha ocurrido en tu vida (La caja negra), por lo que tienes que darle al personaje verosimilitud y coherencia, sin que esto implique desmenuzarlo.

♦ Volviendo al asunto de la exactitud histórica de tu relato autobiográfico, hay que recordar la diferencia entre verdad literaria y realidad.

Truco: Cualquier relato basado en vivencias propias, será mejor si lo abordamos cuando ha pasado el tiempo suficiente para que se decanten los elementos de ese hecho. Escribir en caliente sobre los que nos ha ocurrido, sirve para desfogarse, pero rara vez tiene un valor literario.  Y no temas, que aunque el paso del tiempo debilite la exactitud de los detalles, lo esencial del momento será más fuerte si has dejado pasar el tiempo.

♣Truco: Si has decidido utilizar sólo una parte de ese recuerdo para edificar una ficción (¡bravo!) y no quieres que el protagonista se parezca demasiado al original (seas tú o alguien cercano), prueba agregarle algún rasgo distintivo que lo aleje de esa totalidad. Por ejemplo, si el original tiene una pésima caligrafía, prueba dotando a tu “personaje” de una letra preciosa. Sólo ese detalle, si has “trabajado” bien el personaje, te ayudará a distanciarlo lo suficiente, sin perder las cualidades -o defectos- que sí te interesa “prestarle”.

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Calos Salem

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