Interrogatorios comprometidos a sospechos habituales del género negro

Sevillano, escritor, periodista, editor (en orden variable según el día). Autor de seis novelas, cuatro ensayos musicales, un puñado de relatos y algunos poemas inconfesables. Orgulloso padre reciente de La ciudad de las almas tristes (Almuzara).
¿Tres novelas imprescindibles del género?
Cosecha roja, de Dashiell Hammett; 1.280 almas, de Jim Thompson; Los amigos de Eddie Cole, de George V. Higgins. Las tres supusieron una ruptura estilística importante y abrieron nuevos caminos en el género negro.
¿Por qué escribes novela negra y no de otro color?
Porque es el género que permite exponer y analizar un mayor abanico de sentimientos e impulsos humanos. Del amor al odio, de la codicia a la generosidad, de la amistad a la mezquindad… Ya se sabe que el negro va con todo.
 El libro que nunca escribirías es…
Cualquier novela negra nórdica. Muy frío todo. Y el clima, también.
¿El que matarías por haber escrito?
No es un libro sino un relato: ‘Los asesinos’, de Ernest Hemingway. Es el texto que más veces he releído, analizado y escudriñado. Y sigo aprendiendo de él con cada nueva lectura.
Una frase que recuerdes de memoria de una novela tuya…
“Aquel par de piernas no se merecían estar en un cementerio” (Es la frase inicial de mi novela Letal como un solo de Charlie Parker)
Requisitos para que una novela merezca ser leída o escrita:
Creo que todas merecen ser escritas, porque hasta la más imperfecta, con toda seguridad, acabará haciendo que alguien pase un buen rato. Pensemos en todo el hard boiled (o western) de las novelas de quiosco. Y como en el caso del cine, para mí el mayor pecado que puede cometer un libro es aburrir.
¿El género es absorbido por lo comercial o crece tranquilo a su sombra?
Crece a su sombra, no sí se si tranquilo o algo inquieto. Como ocurre en tantos otros ámbitos, “lo comercial” tiene dos problemas: impide que se vean trabajos de calidad con menor proyección al tiempo que altera el concepto o definición del género para adecuarlo a las características de esas novelas best seller que, por lo general –en el caso de la literatura negra–, suelen incurrir en un pecado capital: la crítica social es sutil o inexistente. Y sin eso, no llega ni a gris perla.
¿Tu modus operandi?
Tengo un problema: para mí, escribir es como esos juegos de la infancia en los que nos convertíamos en piratas, indios o astronautas. De modo que, por más que mis protagonistas sean diferentes de una novela a otra en su concepción, siempre acaban teniendo rasgos compartidos, porque al ponerme a escribir y “vivirlos”, inevitablemente les doto de una parte de mí. Incluso a los más oscuros.
El único crimen que te atreves a confesar es…
Haber emulado –torpemente- a ladrones de guante blanco en mi adolescencia para poder leer aventuras de ladrones de guante blanco.
Lo mejor que te ha dado el oficio de escribir:
Unas cuantas vidas paralelas que me salvaron la existencia, algunas juergas memorables en las que corrieron ríos de tinta y un puñado de tórridos romances cuyos besos de papel aún recuerdo con cariño.
¿La realidad es una novela negra?
Últimamente, más que nunca. Antes también, pero igual no de manera tan pública. Desde el comisario Villarejo a los casos de violencia de género, las mafias migratorias o los innumerables casos de corrupción política –de todos los colores–;ya ves si hay material para sentarse a escribir.
¿Tu personaje ajeno favorito?
Creo que me quedo con el Mike Hammer de Mickey Spillane, porque es violento, cínico y sin miramientos, como creo que alguien se volvería realmente teniendo que moverse día a día en esos bajos fondos. Y porque dio pie a que Stacy Keach lo interpretase en una serie de televisión muy cachonda.
¿El malo creado por ti que más odies?
El de Afilado como un blues a medianoche, la segunda novela protagonizada por Eddie Bennett. Abordaba el asesinato de Marilyn y Kennedy, y más allá de matones y algún gerifalte, el villano último era el propio sistema, con esa vil connivencia de los poderes políticos y económicos que aún siguen hoy jugando con nosotros como muñecos de trapo.
Si no fueras escritor, serias… 
Guardia forestal, todo el día en el bosque, más solo que la luna, escuchando a la Creedence y tallando figuritas de madera con mi navaja (regalada por un convicto -inocente, por supuesto- al que ayudé en su huida).
Tienes la oportunidad de escribir ahora tu futuro epitafio:
“Te lo advertí, carajote”.
CARLOS SALEM

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